El ser humano moderno no vive con una cosmovisión elevada 2018-04-27T05:22:53+00:00

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“El ser humano moderno no vive con una cosmovisión elevada”

Swami Satyananda, maestro de vedanta
Esther Peñas / Madrid- 11/09/2014

Es una manera de entregarse a la vida y reconocerla como sagrada en toda su extensión, una ascesis sin profetas, sin dogmas, sin mentor espiritual único. A Swami Satyananda (Barcelona, 1955) se le cruzó el hinduismo y se enroló en él. Treinta años después sabe que la contemplación le ha cambiado la vida. Le ha dado una identidad. Su identidad. Sabe quién es, lo cual es ya decir mucho (acaso todo lo necesario para vivir). Acaba de publicar ‘El hinduismo’ (Fragmenta), una aproximación a esta tradición, una de las más antiguas que conoce el hombre. Dice una voz popular hinduista: “Como un hombre en los brazos de su amada no es consciente de lo que está fuera y de lo que está dentro, así una persona en unión con el Yo no es consciente de lo que está fuera y de lo que está dentro, pues en ese estado de unidad todos los deseos hallan su perfecta satisfacción”. Námaste.

Los caminos para llegar a la verdad son muchos, cita la sentencia de la Corte Suprema de la India para describir los rasgos de la definición judicial de las creencias hinduistas. ¿Cómo reconoce uno que está en la dirección correcta, que está encauzado, como los arroyos, hacia la la dirección correcta, que está encauzado, como los arroyos, hacia la verdad? verdad?

 

Qué pregunta para comenzar… me gusta… uno está en el camino adecuado cuando va sintiéndose en paz consigo mismo, va cuestionándose cosas, está en armonía con los demás, más feliz y menos dependiente de factores externos; soy feliz por lo que soy, no por lo que tengo, no por lo que obtengo, no por lo que voy a hacer sino por lo que soy aquí y ahora. Cuando se entra en esta dinámica, se sabe que uno está en el camino correcto.

Hay muchos caminos, ¿todos son igualmente válidos? 
Todos los caminos pueden ser válidos dependiendo de la persona; somos distintos, cada uno tiene su po

tencialidad, su momento determinado y tiene que tomar su propio camino, unos escogerán el de la devoción, otro el del yoga, la entrega a los demás, el servicio a los demás, la meditación…

¿En qué le ha cambiado la práctica del hinduismo?
En todos los aspectos de mi vida y de mi ser. Me ha aportado muchas cosas, me ha dado una paz interior, una
enorme felicidad, la comprensión de lo que soy y de lo que son las personas, saber que mi esencia es la esencia
de todo, del cosmos, independientemente de las forma que se adopten.

Podría decirse, corríjame si me equivoco, que el dharma dharma es la esencia del hinduismo. Sé que es un es la esencia del hinduismo. Sé que es un concepto complicado y resbaladizo pero ¿cómo lo definiría usted? 
Sí, el dharma es el sustento del universo, del cosmos. El dharma es la acción armoniosa contigo y con los demás, la acción que sustenta, que da soporte, que ayuda, que beneficia; es compasiva y correcta. No se trata de una acción heroica sino de una acción que parte de la armonía, la comprensión y la ecuanimidad.

En el bellísimo diálogo ‘Mahabharata’ se recoge la siguiente enseñanza: “¿Cuál es la mayor felicidad? El contentamiento”. Me gustaría saber si el contentamiento es sinónimo de resignación. 

Es otra cosa, contentamiento es una resignación en positivo. Hay una historia que nos servirá. Un anciano le pide
a su mujer que abra la nevera y le traiga queso, porque es muy bueno para el estómago. La mujer va a la nevera y
ve que no hay queso, a lo que responde el hombre que no se preocupe, que es mejor así, porque el queso es
malo para las encías. Y ella pregunta: “Entonces, ¿en qué quedamos?”. Y él responde: “Si lo hay, lo primero; si no
lo hay, lo segundo”. Esto es el contentamiento, no una resignación, sino tomarte las cosas de un modo bueno, no
entrar en la queja, el pesimismo, lo negativo; de cualquier situación que nos ponga la vida podemos aprender
algo si hay una buena actitud.

Los ‘Upanishads’, como otros libros sagrados, no ofrecen conocimiento racional, sino que espolean la visión interior.  ¿Cree que los occidentales seremos capaces, en algún momento, de no leer el mundo bajo el prisma racionalista?

Sin duda, al hombre occidental le cuesta entrar en la visión hindú porque es muy amplia, muy basta, carece de
dogmas, de reglas, no tienes que creer en nada, tienes que ir experimentándolo, observándolo y creciendo en tu
interior. Se comprende (al mundo, a las personas) no con la mente, sino con la visión interior, como tú la llamas,
y cuando encuentras esa conciencia, es algo grande y luminoso.

¿Cuál es el mayor enemigo para la pureza de corazón?

El hombre occidental está siempre en el devenir, en lo que va a conseguir, hay una acción constante, está condicionado por el mass media, es un hombre económico, produce y consume, pero la cosmovisión de ser un
productor-consumidor nunca le va a satisfacer, el liberalismo, como el comunismo, enajena; el ser humano natural vive en un universo sagrado y eso es lo que hemos de recuperar, tenemos que sacralizar nuestra vida, sacralizar todos nuestros actos, nuestras palabras, nuestras relaciones, eso sí puede llevar a un cambio real y sustancial de la realidad, vivir al margen de lo sagrado es vivir en un plano muy externo, muy condicionado.

En el hinduismo también es sagrado el deseo sexual…
El hinduismo habla de los cuatro fines de la vida: el dharma, (la acción beneficiosa para mí y para los demás), el artha (la abundancia material, no entendida como usura, sino generar abundancia para nosotros, los nuestros, los demás), el kama (la satisfacción de los sentidos) y, por último, la liberación o moksha (buscar aquello que es trascendente, que está más allá de mí, encontrarme en esa esencia, encontrar el equilibrio entre lo trascendente y
lo inmanente). El placer sensorial es parte de la vida humana, hay que disfrutar de los sentidos: apreciar un incienso que huela bien, una comida agradable que nos gusta, unos ojos que nos miran… lo mismo con el deseo sexual, que nos permite fundirnos con el cosmos.

¿De qué modo violentamos la armonía del cosmos, eso que los hinduistas llaman Rita?
El cosmos no se altera, lo que se altera es la mente del ser humano, que no se encuentra a sí mismo en su esencia y busca fuera fórmulas extrañas. ¿Qué busca todo ser humano? La felicidad, pero a veces la buscamos allí donde no está. Los Upanishad nos enseñan que sólo el infinito te puede colmar, que nada finito te colmará nunca. Y siempre buscamos la felicidad en cosas finitas, en vez de mirar hacia dentro y ver qué hay más allá de tu pensamiento, de tu ego, de tu personalidad. Observa este espacio, mantente ahí y descubrirás otra parte de ti, sin descuidar la parte externa. El sabio es aquel que conoce esta parte que le hace libre y a la vez actúa para el bien de todos.

Si sabemos el camino que nos conduce a la felicidad, ¿por qué nos enrocamos en escoger el equivocado?
¿Crees que sabemos que esto es así? Seguimos el patrón de que algo de fuera nos hace felices. ¿Cuánto estamos
en silencio, en observación? En todo el mundo, no sólo en Occidente. Llevamos una vida muy exteriorizada, no
tenemos tiempo para el ser, para la observación profunda de lo que somos.

De las principales deidades (Mitra –amistad-, Surya –el sol-, Agni –fuego-) del hinduismo, ¿por cuál siente especial querencia? 
Mi deidad está más allá de nombre y forma, y se manifiesta en muchos planos…

Como el Dios de santa Teresa, que está hasta en los pucheros…
Eso es, hasta en la acción más pequeña de mi vida.

De todas las verdades conmovedoras del Bhagavad-Gita, ¿cuál le emociona más?
Una que está en el capítulo segundo, y que dice que lo que soy, lo real en mí, ni nace, ni muere, ni puede ser
cortado ni quemado.

Otra cuestión importe para el hinduismo, los ritos de paso. En Europa también hemos devaluado la importancia de los rituales…
Porque el materialismo ha ocupado la mente de la sociedad y el corazón del ser humano; el ser humano moderno no vive con una cosmovisión elevada, se ha convertido en un productor-consumidor, su mundo es económico. En las tradiciones antiguas se vivía en una cosmovisión, con distintos niveles y planos, pero formaba parte de ellos, porque cada uno de nosotros es una parte del inmenso cosmos. Hoy en día, el único ritual que tiene adeptos es ganar dinero. El ser moderno se ha reducido.

Parece que el hinduismo ayuda bastante a superar las pérdidas…
Es que Occidente medita muy poco en la muerte, y el mundo fenoménico es cambio, cambio constante, y su belleza es este cambio; tú y yo estamos aquí, pero dentro de un rato no, y dentro de un tiempo ni siquiera estará este bar, seguro que Madrid ya no será Madrid dentro de mucho tiempo… Debo de encontrar en mi lo que no cambia para disfrutar y convivir con del cambio.

¿Y qué permanece en mí intacto?
En ese cambio todo cambia, pero hay algo que observa el cambio, la esencia el corazón, la conciencia, que está más allá del cambio, lo que no puede ser pensando ni nombrado.

Por cierto, ¿qué tal se llevan las distintas espiritualidades de Oriente y Occidente? Hay pocas iniciativas conjuntas… al fin y al cabo, la búsqueda es muy parecida… 
Durante miles de años uno quería convertir al otro y el otro se resistía a ser convertido. Desde hace 30 o 40 años existe un diálogo digamos interreligioso; todavía es un diálogo lento, porque cada cual propone ‘su’ verdad, pero cuando dejemos al margen las verdades absolutas y empezamos a escucharnos, a aprender el uno del otro,
vendrá un tiempo de comunicación e intercambio de valores.

Existe el prejuicio de cierto inmovilismo de la práctica hinduista, ¿lo comparte?
La esencia del hinduismo es la misma, como en otras espiritualidades, pero su flexibilidad y posibilidades infinitas de adaptación han hecho de él una vía en constante cambio.

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